Cómo anclar un hábito nuevo (sin confiar en que te vas a acordar)

Cómo anclar un hábito nuevo a una rutina diaria

Hay una cosa que llevo un tiempo intentando incorporar a mi vida: pasarme el hilo dental.

Es una recomendación del dentista, sé que debería hacerlo, tengo hilo dental en casa y tampoco estamos hablando de una actividad que me vaya a ocupar media tarde. Aun así, no me lo paso.

Podría pensar que soy una olvidadiza o que me falta constancia. Pero el problema es bastante más sencillo: estoy esperando que mi cerebro se acuerde espontáneamente de algo que todavía no forma parte de mi rutina.

Y bastante tiene ya.

No confíes en acordarte

Confiamos muchísimo en nuestra cabeza como sistema de recordatorios. “Luego contesto este correo”, “esta tarde envío el presupuesto”, “esta noche me paso el hilo dental”. Dejamos ahí la información y esperamos que, llegado el momento adecuado, nuestro cerebro nos mande una notificación.

Cuando eso no ocurre, además, solemos convertir un fallo del sistema en un juicio sobre nosotras mismas: es que no me acuerdo de nada, soy un desastre, tendría que ser más organizada.

Quizá no necesitas acordarte más. Necesitas sacar esa responsabilidad de tu cabeza y crear un sistema que te ayude a recordarlo.

Y para pequeños hábitos hay una técnica muy sencilla: el anclaje.

Cómo anclar un hábito nuevo

Anclar consiste en asociar algo nuevo que quieres incorporar a una acción que ya haces de manera habitual.

Desayunar, lavarte los dientes, prepararte el primer café o abrir el ordenador cuando empiezas a trabajar son acciones que ya tienen un lugar en tu día. No necesitas decidir cada mañana si vas a desayunar ni poner una alarma para acordarte de lavarte los dientes.

Por eso funcionan tan bien como anclas.

En lugar de pensar:

“Tengo que acordarme de pasarme el hilo dental.”

Puedo ponerlo al lado del cepillo y decidir:

“Después de lavarme los dientes por la noche, me paso el hilo dental.”

El hábito que ya existe se convierte en la señal para empezar el nuevo.

De hecho, hacemos algo parecido con muchos medicamentos: se pautan con el desayuno, la comida o la cena porque asociarlos a algo que ya sucede regularmente facilita que los incorporemos.

Tres claves para que el anclaje funcione

Elige algo que ya hagas de verdad. No ancles un hábito nuevo a otro que todavía estás intentando incorporar. Si el primero ya depende de que te acuerdes, mal empezamos.

Busca un momento que tenga sentido. Que algo suceda todos los días no significa que sea un buen momento. Si quieres revisar tus prioridades cuando abres el ordenador pero lo primero que haces cada mañana es entrar corriendo a una reunión, quizá necesitas buscar otra ancla.

Prueba y reajusta. Si después de unos días no funciona, no significa que seas incapaz de generar hábitos. Igual simplemente has elegido mal el momento. Cambias el ancla y vuelves a probar.

Esto también sirve para organizar tu negocio

La misma lógica puede aplicarse a muchas de esas pequeñas tareas que sabemos que deberíamos hacer en nuestro negocio, pero que siempre dependen de que nos acordemos.

Revisar facturas, mirar métricas, chequear objetivos o reservar un rato para pensar en nuestro propio negocio y no únicamente en el de nuestros clientes.

Cuando estas tareas no tienen un lugar, se quedan flotando en nuestra cabeza esperando a que llegue “el momento”. Y ya sabemos lo bien que suele funcionar eso.

Organizarte no consiste en acordarte de todo. También consiste en decidir dónde viven las cosas y crear sistemas que te ayuden a sostenerlas. Yo, por ejemplo, tengo clarísima mi rutina para planificar el día, que me ayuda a poner orden antes de empezar a accionar.

Esto y más trabajamos en Protagoniza: observar cómo funciona realmente tu día a día y construir una forma de organizarte que tenga sentido para ti y para tu negocio, en lugar de depender continuamente de tu memoria, tus ganas o la urgencia del momento.

¿Y mi hilo dental?

Tengo el hilo, tengo la recomendación del dentista y tengo intención de hacerlo. Lo único que me falta es encontrarle un sitio.

La opción evidente es anclarlo a lavarme los dientes por la noche, así que empezaré por ahí. Y si no funciona, buscaré otro momento.

Porque crear un hábito nuevo no siempre requiere más disciplina. A veces solo necesitas dejar de esperar que tu cabeza se acuerde y construir un pequeño sistema que se lo ponga más fácil.




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