Sé tu propia House
Recuerdo un capítulo de House que se me hizo pensar mucho. No por el caso médico ni por alguna de sus genialidades habituales, sino porque se queda sin su equipo y acaba resolviendo un caso rodeado de personas que no tienen ni idea de medicina.
Pacientes. Gente cualquiera.
Empieza a explicarles lo que sabe, a lanzar hipótesis y a pensar en voz alta con ellos. Las respuestas que recibe no son especialmente brillantes y, desde luego, no le aportan conocimientos médicos relevantes. Sin embargo, sigue utilizándolos para avanzar en el caso.
La primera vez que vi ese capítulo pensé que House era un poco capullo. Me pareció otra demostración más de su ego: él era el listo y el resto simplemente estaban allí para escucharle.
Con los años he llegado a otra conclusión (aunque un poco capullo si era).
Lo interesante de aquella escena no era que House fuera un genio. Lo interesante era que, para resolver el caso, no necesitaba a alguien que supiera más medicina. Necesitaba alguien que le ayudara a pensar.
Pensamos mejor cuando pensamos acompañadas
Antes creía que las decisiones se debían tomar en soledad y después de meditarlo mucho. Pensaba que si una persona conocía suficientemente bien su negocio, analizaba los datos adecuados y dedicaba las horas necesarias a reflexionar, acabaría encontrando la respuesta correcta.
La experiencia me ha enseñado otra cosa.
Las personas pensamos mejor en conversación.
No porque las demás tengan las respuestas que nos faltan, sino porque nos ayudan a ordenar las nuestras. Cuando explicamos una idea en voz alta, nos vemos obligadas a darle forma. Cuando alguien nos hace una pregunta inesperada, aparecen matices que no habíamos considerado. Cuando otra persona nos da su punto de vista, podemos observar algo que llevábamos meses normalizando.
Es algo que ocurre constantemente en nuestra vida personal. Hay decisiones que nos bloquean durante semanas y que empiezan a aclararse en el momento en que las explicamos a una amiga. No porque ella nos diga qué hacer, sino porque verbalizar el problema nos obliga a mirarlo desde otro lugar.
Con los negocios sucede exactamente lo mismo. Muchas veces no necesitamos más información. Necesitamos una conversación que nos ayude a ordenar la que ya tenemos.
El error que cometemos muchas autónomas
Hay algo que veo constantemente en las personas que empiezan a trabajar conmigo.
Están buscando la respuesta definitiva. La estrategia definitiva. El curso definitivo. La herramienta definitiva.
Y entiendo perfectamente por qué. Emprender implica tomar decisiones constantemente y la incertidumbre resulta agotadora. Es normal pensar que alguien ahí fuera tiene la respuesta que nosotras todavía no hemos encontrado.
Sin embargo, muchas veces el problema no es la falta de conocimiento.
De hecho, suele ocurrir lo contrario.
Tenemos demasiada información. Hemos leído tantos artículos, escuchado tantos podcasts y visto tantas opiniones distintas que acabamos perdiendo de vista la nuestra. Empezamos a buscar fuera algo que, en realidad, ya sabemos dentro.
Por eso me gusta recordar una idea que repito mucho en las sesiones: nadie sabe más de tu negocio que tú.
Nadie conoce mejor a tus clientes que tú.
Nadie entiende mejor tus circunstancias que tú.
Nadie sabe qué tipo de vida quieres construir salvo tú.
El problema no suele ser que no sepas qué hacer. El problema es que llevas demasiado tiempo intentando resolver la misma cuestión dentro del mismo bucle mental. Y cuando llevas meses dando vueltas a una decisión, resulta muy difícil distinguir entre lo importante y lo superfluo.
Lo que hago realmente en una sesión
Una de las preguntas que más me hacen es qué hacemos exactamente durante una sesión.
Y la respuesta suele sorprender bastante.
Muchas personas esperan que llegue fórmula mágica. Que les diga qué servicio lanzar, cómo organizar su agenda o cuál debería ser su próxima prioridad. Supongo que estamos tan acostumbradas a buscar respuestas que parece lógico esperar que alguien venga a proporcionárnoslas.
Pero la realidad es bastante diferente.
Yo no conozco tu negocio mejor que tú.
No conozco a tus clientes mejor que tú.
No conozco tu energía, tus límites o tus objetivos mejor que tú.
Lo que hago es escuchar. Escuchar de verdad. A partir de ahí, hago preguntas, ordeno ideas, señalo contradicciones y ayudo a conectar puntos que quizá llevas meses mirando sin ver.
Y entonces ocurre algo interesante.
Las respuestas empiezan a aparecer.
No porque yo las aporte, sino porque por fin tienen espacio para salir. Porque dejas de estar atrapada dentro del mismo bucle de pensamiento y empiezas a observar tu situación con un poco más de distancia.
Por eso me gusta tanto la metáfora de House. Porque él sigue siendo el médico. Sigue teniendo los conocimientos y sigue siendo quien resuelve el caso. Las personas que tiene delante simplemente le ayudan a pensar mejor.
Lo que ocurre cuando tienes espacio para pensar
Esa necesidad de tener un espacio para pensar es la que dio origen a Protagoniza.
Muchas personas llegan pensando que van a encontrar un programa para organizar mejor su agenda. Y sí, trabajamos la planificación semanal, la gestión del correo electrónico, los documentos, las interrupciones y las prioridades.
Pero si el problema fuera únicamente técnico, bastaría con una plantilla descargable y un vídeo explicativo.
Y para eso no hacen falta tres meses.
La mayoría de personas que llegan a Protagoniza ya han probado herramientas, aplicaciones, calendarios y sistemas. El problema no es que no conozcan métodos de organización. El problema es que ninguno de esos métodos ha conseguido resolver la raíz de lo que les ocurre.
Porque organizarse no consiste solamente en encontrar huecos en la agenda.
Organizarse también implica revisar prioridades, cuestionar los compromisos adquiridos, poner límites, decidir qué proyectos merecen nuestra energía y aceptar que no todo se puede hacer al mismo tiempo.
Y eso requiere algo más que una plantilla.
Requiere tiempo.
Tiempo para observar patrones. Tiempo para probar cambios. Tiempo para equivocarse y reajustar. Tiempo para construir una forma de trabajar que tenga sentido dentro de la vida real de cada persona.
Por eso Protagoniza dura tres meses. Porque no se trata de enseñarte un sistema. Se trata de acompañarte mientras construyes el tuyo.
Mi trabajo no es ser House
Cuando vuelvo a pensar en aquel capítulo, me doy cuenta de que House nunca deja de ser quien resuelve el caso. Las personas que tiene delante no hacen el trabajo por él; simplemente le ayudan a pensar de una manera diferente.
Creo que eso es exactamente lo que necesitamos muchas veces cuando emprendemos. No alguien que tome decisiones por nosotras, sino un espacio que nos ayude a tomar nuevas decisiones y a escuchar con más claridad aquello que ya sabemos.
Mi trabajo no es ser House.
Mi trabajo es ayudarte a que tú vuelvas a serlo.
(Si quieres recibir en tu correo este post y todos los que vendrán, suscríbete a la newsletter “El Rincón Olganizado”)