Tierra, Mar o Aire
De pequeña, en el cole, nos inventamos un juego al que llamábamos “Tierra, Mar o Aire”.
Era una versión bastante libre de lo que luego entendería como un juego de rol. Había una narradora, una protagonista y el resto escuchábamos completamente enganchadas a lo que iba pasando. Cuando terminaba la historia, rotábamos y empezábamos una nueva aventura. Y así podíamos pasarnos horas.
Cada partida arrancaba igual: la narradora preguntaba ¿tierra, mar o aire?
Y a partir de ahí, una historia completamente inventada.
Un viaje en el que nuestras versiones imaginarias vivían aventuras bastante alucinantes con Leonardo DiCaprio, Chester Bennington o cualquier otro ídolo preadolescente de finales de los 90 como coprotagonistas. Sin guion, sin estructura y sin necesidad de hacerlo “bien”.
Con el tiempo me he dado cuenta de que ese juego entrenaba algo que hoy es clave cuando decides emprender: imaginación, escucha activa e improvisación.
Y curiosamente, son tres cosas que casi nunca aparecen cuando hablamos de organización o de tomar decisiones en un negocio.
Imaginación: abrir opciones antes de decidir
Cuando alguien llega a una sesión, muchas veces viene con la sensación de que lo que necesita es orden. Tiene ideas, tiene tareas, tiene cosas empezadas… pero todo está un poco desordenado y cuesta avanzar.
Y es verdad que hay una parte de organización necesaria. Pero antes de eso suele faltar algo más básico: espacio para imaginar.
Imaginar no como algo abstracto o creativo sin más, sino como la capacidad de abrir posibilidades antes de decidir. De poder preguntarte “¿y si esto fuera de otra manera?”, “¿y si no hiciera falta hacerlo así?”, “¿y si pudiera simplificarlo?”.
Lo que veo muchas veces es que intentamos tomar decisiones demasiado rápido, como si hubiera una única respuesta correcta. Y desde ahí, es muy fácil acabar eligiendo entre opciones que en realidad no nos convencen del todo, simplemente porque son las únicas que estamos viendo.
Sin ese momento previo de exploración, solo estamos organizando lo que ya existe, sin dar espacio a construir algo que nos funcione mejor.
Escucha activa: entender qué necesita tu negocio
En el juego, aunque una persona llevaba la historia, el resto escuchábamos. Y esa escucha no era pasiva: influía en lo que pasaba después, en cómo reaccionábamos, en las aventuras que vivíamos.
En un negocio, la escucha activa también está muy presente, pero solemos enfocarla solo hacia fuera: qué necesitan los clientes, qué está funcionando en el mercado, qué hacen otras personas.
Y todo eso es importante, pero hay otra parte que a menudo queda en segundo plano: escucharte a ti.
Escuchar qué partes de tu negocio tienen sentido en este momento, qué te está costando más de la cuenta, qué decisiones estás evitando, qué te da energía y qué te la quita.
Porque si la escucha activa no está, puedes tener un negocio que “funciona” sobre el papel, pero que no es sostenible en tu día a día.
Improvisación: avanzar sin tenerlo todo super ligado
Si algo tenía ese juego era que nunca sabíamos cómo iba a terminar la historia. Y eso molaba mucho.
Íbamos construyendo sobre la marcha, adaptándonos a lo que iba saliendo, sin la necesidad de tener un final claro desde el principio.
Cuando emprendemos, sin embargo, muchas veces buscamos justo lo contrario: tenerlo todo definido antes de empezar. El plan cerrado, la estructura perfecta, la seguridad de que estamos tomando la decisión correcta.
La realidad es que eso rara vez existe.
Aquí es donde entra la improvisación, no como caos, sino como flexibilidad. Como la capacidad de probar, ajustar y moverte sin quedarte paralizada en lo que has planeado previamente.
Productividad amable: organizarse desde un lugar más humano
Cuando hablo de productividad amable, no hablo de tener una agenda ordenada o un sistema más eficiente.
Hablo de poder trabajar desde una perspectiva más realista y más humana.
Dejar espacio para pensar antes de tomar decisiones, para escuchar antes de ejecutar y para asumir que no todo tiene que estar definido desde el minuto cero.
Porque organizar tu negocio no es únicamente ordenar lo que ya tienes encima de la mesa. También es decidir qué merece estar ahí y qué no.
Y para eso, necesitas imaginación para explorar diferentes opciones, escucha para entender qué necesitas y capacidad de improvisar para adaptarte a lo que vaya pasando.
Parte de mi sigue con la falda plisada, sentada en ese corrillo de bancos, en la intimidad con mis amigas, soñando y sonriendo por todo lo que es posible en nuestra cabeza cuando nos atrevemos a hacernos preguntas que nos suman y nos permiten vivir nuevas aventuras.
Porque, a veces, todo empieza con una pregunta sencilla.
¿Tierra, mar o aire?
(Si quieres recibir en tu correo este post y todos los que vendrán, suscríbete a la newsletter “El Rincón Olganizado”)